Así son las maquetas metálicas de Mass Effect

Una de las cosas más interesantes de la trilogía Mass Effect es su capacidad para fascinar al jugador con detalles en apariencia tontos, pero sorprendentemente efectivos. Un ejemplo es el camarote de Shepard. Realmente no sirve para nada, pero por algún motivo resulta irresistible no pasar ahí unos minutos de relax en cada visita a la Normandía. BioWare dedicó mucho esfuerzo a hacer de la habitación un lugar acogedor donde apetece simplemente estar ahí. Y si el camarote es la estrella de la nave, la estrella del camarote es la vitrina con las maquetas de Shepard.

La idea de que el comandante pueda hacerse una colección de miniaturas de las naves del juego no solo contribuye a humanizar al personaje, también es condenadente molona. Tanto que desde que comenzó a salir merchandising de la saga uno de los desesos más repetidos es ver en el mercado una colección de miniaturas de naves de Mass Effect.

Por desgracia hasta ahora la cosa ha ido regular. Dark Horse ha lanzado algunas reproducciones de naves, pero fabricadas en materiales plásticos, en unidades muy limitadas, caras y para colmo con un pintado algo irregular, similar al de las figuras de acción. Un mal negocio. Alguna ha habido en formato de estatua premium, pero también a precio premium. Así que entre unas cosas y otras el deseo de tener una colección como la de Shepard ha quedado insatisfecho hasta el mes pasado, cuando BioWare anunció una línea de maquetas de metal a un precio bastante asequible. Se juntó el hambre con las ganas de comer, así que no es raro que la primera remesa se agotara en cuestión de horas.

Ikea Style

Esta iniciativa es una nueva colección dentro de la línea Metal Earth de la empresa norteamericana Fascinations, similar a las ya existentes de Star Wars, Halo y Star Trek. Lo primero que hay que saber es que la maqueta no se compra como tal, sino que se trata de una lámina de metal (acero, según internet, aunque en el empaquetado no se especifica) con las piezas precortadas con láser.

El primer paso es separar las piezas de la hoja siguiendo el diagrama incluido, un proceso similar al montaje de muebles de Ikea. Las instrucciones son bastante detalladas y además se incluye un código QR para consultar desde internet una imagen de 360º de la maqueta para poder hacerte una idea de cómo encaja cada parte. Un detallazo muy bien pensado.

No es necesario pegamento, ya que las piezas encajan mediante un ingenioso sistema de pestañitas minúsculas, pero sí hace falta alguna herramienta para poder trabajar, porque las piezas son tan pequeñas que es imposible hacer el montaje con las manos desnudas. Además, los bordes son bastante afilados y se puede sufrir heridas si se intenta ir a las bravas.

¿Suena complicado? Lo es. Definitivamente estas maquetas no son para todo el mundo. Puro trabajo de relojero, hace falta muchísima habilidad manual, buena vista, buen pulso y sobre todo más paciencia que un santo para terminar el trabajo con éxito. Yo de momento solo he podido montar una, el Crucero de la Alianza, y calculo que me ha llevado unas 4 o 5 horas tomándomelo con mucha calma para no estropear nada.

A pesar de todo tengo que reconocer que he disfrutado bastante durante el proceso. Sí, ponerte con un kit de estos no es ninguna broma, pero si uno reúne los requisitos humanos para ello resulta bastante entretenido y gratificante. Simplemente antes de hacer la compra párate a pensar si eres el tipo de persona a la que va dirigido este producto y si es así todo irá bien.

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