La investigación de Tali

A Tali no le resultó fácil encontrar el lugar. En Omega no habría tenido ningún problema en encontrar el tipo de material que estaba buscando, sin embargo era un lugar problemático y sólo en la Ciudadela podía permitirse el lujo de ausentarse durante unas horas sin tener que dar demasiadas explicaciones.

No se sentía capaz de mentirle a Shepard, así que agradeció que no indagara demasiado cuando le dijo que tenía que hacer algunas compras. De lo contrario habría terminado cancelando su pequeña excursión y eso habría supuesto tener que centrar su investigación en fuentes de la extranet y no le hacía ninguna gracia dejar un rastro informático que pudiera relacionada con según qué cosas. Todavía le duraban los mareos cada vez que se acordaba de cómo habían llegado referencias a su instalación del Nerve-Stim Pro en la base de datos del Corredor Sombrío... A ella misma no le faltaban conocimientos de hacking, pero esos extremos le ponían los pelos de punta.

Antes de entrar, Tali se quedó un rato mirando el cartel de la entrada. "Azur", ponía, con letras luminosas de retorcido diseño. Recordó que en Illium existía un hotel de dudosa reputación con ese mismo nombre. Según le explicó Liara, la palabra es una referencia a "los bajos fondos" de la anatomía asari, así que supuso que se trataba de un nombre bastante recurrente para ciertos negocios dedicados a explotar la lujuria ajena.

"Bueno, si vas a hacerlo que sea ahora", pensó la quariana antes de irrumpir con paso decidido. Su primera reacción fue de sorpresa. Esperaba un local sucio y sórdido, pero la decoración era exquisita y un fino olor ambiental de hierbas inundaba el ambiente. Tali observó a la encargada y probablemente dueña del negocio, una asari de mediana edad que vestía un kimono brillante confeccionado con materiales que no supo identificar. En las paredes centelleaban unas luces holográficas que simulaban ser antorchas, dándole al lugar un aire de solemnidad primitiva. Sólo una asari podía convertir una sucia tienda de pornografía y juguetes sexuales en una especie de templo.

- Bienvenida a mi tienda. Por favor, estás en tu casa, hace mucho que no recibo a un miembro del pueblo migrante - comentó sonriente. Tali agradeció la cordialidad, sin duda la asari estaba acostumbrada a romper el hielo y eso era precisamente lo que más falta le hacía en ese momento.

- Saludos. Yo... eh... Encontré buenas referencias de tu establecimiento en la Extranet. Esperaba encontrar algo de ayuda para una... eh... investigación personal. Es una investigación de carácter... biológico - Tali agradeció que su casco no dejara al descubierto más que el brillo de sus ojos, no le cabía duda de que sus mejillas estaban perdiendo su palidez natural por momentos. La asari le dirigió una mirada pícara, divertida por sus titubeos, y le respondió con voz tranquilizadora.

- Querida, no seas tímida. Así que una investigación biológica. Bueno, estás en el lugar indicado - le guiñó un ojo a la vez que pulsaba un botón que abría un compartimento del mostrador -. Tenemos todo tipo de accesorios para quarianos: implantes, software didáctico, protección especial... Para tu gente cualquier precaución es poca, ¿verdad?... ¡Ah! Acabo de recordar que hoy mismo han llegado unas unidades de Nerve-Stim: Edición Deluxe. Es una verdadera delicia.

- Muy amable, pero creo que no necesitaré nada de eso para mi investigación... En realidad sólo necesito documentarme sobre eh... hipotéticas compatiblidades entre especies.

- Cariño, haber empezado por ahí. Como ya sabes, la xenofilia es la especializad del Azur. Si lo que quieres es experimentar cosas nuevas seguro que podemos encontrar algo para ti. Es decir, para tu investigación -. La dependienta le dirigió una mirada burlona a Tali, que no veía le momento de salir de ahí. Pulsando un botón se desplegó otro expositor, plagado de obscenidades de todos los tamaños y formas. Tali se llevó una mano al visor de su casco y en ese momento envidió a los humanos por tener cinco dedos en lugar de tres.

- Eres muy amable pero como comentaba, es sólo una investigación, de verdad que no estoy interesada en eh... experimentos de campo -. La asari, que comenzaba a perder la paciencia, acarició con suavidad lo que parecía un enorme consolador krogan y volvió a ocultar el expositor dentro del mostrador. Después se dio la vuelta y cogió algunas revistas de una librería situada a su espalda.

- Aquí tengo algunos números de Fornax, recién importados de Omega. Si te interesa algo más particular también tengo unos monográficos de Krogasm y Genit-elcor. Estos últimos puede que sean un poco fuertes, incluso a mí me parecen una marranada...

- ¿Puedo echar un vistazo rápido para ver si hay algo que me sirva?

- Claro. Si te preocupa la discreción también tengo versiones digitales para instalar directamente en tu omniherramienta. No es tan... evocador como el soporte físico, pero es mucho más cómodo, sobre todo para vosotros, ¿no tenéis demasiada intimidad en vuestras naves, verdad? Mira, te recomiendo este ejemplar, es bastante variado.

Tali se inclinó sobre el mostrador para examinar la revista más de cerca y en seguida comprendió a qué se referia con eso de la "variedad". Sólo en la imagen de la portada se veía a individuos de al menos seis especies distintas, incluyendo un hanar iluminándose con una tonalidad de rosa que no había visto nunca.

La quariana fue pasando páginas rápidamente, evitando recrearse demasiado con ciertas escenas demasiado sucias para describirlas. Turianos con salarianas, salarianos con humanas, humanos con asaris... Cuando Tali llegó a la parte de un elcor con una volus no pudo reprimir una mueca de asco.

- ¡Keelah! Esto no puede ser biológicamente posible -. La asari empezó a reírse.

- Pequeña, hoy en día todo es tan biológicamente posible como puedas pagar. Bueno, venga, está claro que sabes muy bien lo que vienes buscando. Te recuerdo que la diversidad genética de mi raza se basa en el apareamiento con otras especies, ¿por qué no dejamos de perder el tiempo y me dices qué quieres realmente?

- Yo... bueno, lo que estoy estudiando es sobre una hipotética compatibilidad biológica entre... bueno, entre humanos y quarianos.

- Vaya, eso sí que no lo he visto muy a menudo. Por la diosa, ni siquiera creo que entre quarianos y quarianos sea tampoco muy frecuente, ya sabes, por lo de los trajes - la asari guardó silencio intencionadamente durante unos segundos y le guiñó un ojo a Tali -. Pero sí, he oído que es posible.

Dentro del casco de la quariana hacía un calor infernal, a pesar del autoajuste térmico de su traje ambiental. Llegados a este punto ya no sabía por dónde llevar la conversación y, llena de vergüenza, le pidió a la encargada esas "protecciones especiales" de las que le había hablado. Con una extraña sonrisa de triunfo, la asari se acercó a su terminal para finalizar la transacción.

- ¿Así que tienes un amiguito humano, eh? Hablando de humanos, te vas a quedar muerta - dijo detrás del mostrador, soltando una carcajada mientras tecleaba unos comandos en la interfaz holográfica del ordenador.

Acto seguido, una voz familiar dijo: "Hola, soy el Comandante Shepard y ésta realmente es mi tienda favorita de la Ciudadela". A Tali se le escapó un chillido y salió corriendo de la tienda, olvidándose la mercancía en el mostrador.

Resignada y molesta por la demencial reacción de la quariana, la asari consultó el registro de la transacción para comprobar si podía mandarle su compra antes de que dejara el puerto de la Ciudadela. "Servicio activo en la Normandía", comprobó con asombro.

- Esto explica un par de cosas - susurró para sí misma, acariciándose los suaves pliegues de su cabeza. Tras programar al meca de reparto para que llevara el paquete a la Normandía, la dependienta añadió a la bolsa un regalo por cuenta propia y una nota: "Trátame bien al Comandante. No olvides volver para contarme cómo fue. En serio".

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