Noche de chicas

Dibujo: 'Girls Night', por VectorCookie

En cuanto la lanzadera volvió a la Normandía Jade salió sin despedirse de sus compañeros y se dirigió hacia el ascensor. Paró en la cubierta de observación para coger uno de los licores que se guardaban en el bar. No solía beber, así que no conocía la mitad de las botellas que tenían allí. Cogió una de ellas, la que le pareció que contenía el líquido más asqueroso, y fue derecha a su camarote.

Nada más atravesar la puerta comenzó a quitarse la armadura. No se molestó en colocar las piezas en su sitio, simplemente las dejó tiradas en el suelo, no estaba de humor para nada que no fuera emborracharse.

Al acercarse al escritorio a por un vaso vio la foto que conservaba allí de Kaidan. Tuvo ganas de arrojarla contra la pared, pero sabía que se arrepentiría, así que se limitó a golpearla de mala manera con la botella para que cayera sobre el escritorio y no ver su cara de suficiencia.

Se dejó caer sobre el sofá. Cerberus se había esforzado mucho en decorar su dormitorio con muebles cómodos y de calidad. En situaciones así se agradecía la consideración. Dejó el vaso sobre la elegante mesita de acero y se sirvió. Contempló un rato el licor rosa, visualizando la conversación que había tenido apenas unos minutos antes con Kaidan, y bebió. De un trago.

No pudo evitar toser de manera descontrolada, el licor le había quemado la garganta. Pero era justo lo que quería, así que se sirvió otro trago y volvió a beber. Esta vez contuvo la respiración y le fue mejor. Seguía quemando, pero al menos contuvo la tos.

Cuando se estaba sirviendo el tercer trago llamaron a la puerta. Jade no se molestó en contestar, era probable que con la garganta en su estado no pudiera. Después de dos llamadas sin respuesta, la puerta se abrió. Mierda, pensó la comandante, tenía que haberla bloqueado.

La cabeza de Tali apareció tímidamente desde el pasillo.

— ¿Shepard?

Jade no contestó. Sabía que Tali podía verla desde la puerta. Y a pesar de que la apreciaba sinceramente, o precisamente por eso, no la invitó a pasar.

Aún así entró y la puerta se cerró tras ella. Avanzó hacia el sofá con parsimonia, esquivando piezas de armadura, y se sentó junto a Jade, que evitó mirarla hasta que estuvo a su lado.

— Garrus me ha contado lo que ha pasado — dijo —. Supuse que querrías hablar de ello.

Jade se aclaró la garganta un par de veces, y aún así sólo pudo susurrar.

— Te lo agradezco, Tali, pero no estoy de humor.

— No hace falta que hablemos, puedo quedarme simplemente a beber contigo.

La joven quariana examinó la botella que permanecía encima de la mesa.

— ¡Vaya! No sabía que te gustaran los licores asari, son de los más fuertes de la galaxia.

Tali se levantó del sofá y fue hacia el escritorio para coger otro vaso. Jade no estaba segura, pero le pareció que la quariana se quedaba mirando el retrato volcado de Kaidan, aunque era imposible adivinar su expresión debajo del casco polarizado de su traje. Volvió al sofá y se sirvió una copa mientras Jade se preguntaba cómo haría para beber con el casco puesto. A Tali no parecía preocuparle aquel detalle, así que se lo preguntó.

— Tengo un puerto de inducción de emergencia — respondió la quariana.

— ¿Un qué?

Tali rebuscó en uno de los bolsillos de su traje y sacó una pajita. Jade no pudo evitar reírse, ¿estaría haciendo efecto el alcohol?

— Lo creas o no es muy útil. Cuando empiece a emborracharme me costará introducirla en el agujero del casco y sabré que es el momento de dejarlo.

— Yo no pienso dejar de beber hasta que me muera — dijo Jade con desánimo —. O me desmaye, lo que suceda antes.

— ¿Tan malo es?

— Puf, no puedes imaginártelo. Tenía muchas ganas de ver a Kaidan. En cuanto nos hemos encontrado me ha dado un abrazo, lo echaba tanto de menos... Y cuando se entera de que estoy con Cerberus va y me dice que he traicionado a la Alianza, ¡que le he traicionado a él! Ni siquiera me ha dejado explicarle porqué lo estaba haciendo, ni ha querido escuchar a Garrus tampoco.

— Ya. Yo me refería al alcohol.

Jade la miró confusa un segundo y ninguna de las dos pudo evitar estallar en carcajadas.

— ¿Sabes lo que necesitas? — preguntó Tali — Una noche de chicas. Vamos a emborracharnos y a despellejar a todos los hombres de los que nos acordemos.

Jade asintió ausente. No tenía muchas ganas de fiesta, pero lo de despellejar a los hombres lo necesitaba urgentemente.

— Voy a enviarles un mensaje a las chicas — dijo encendiendo su omniherramienta —. Fiesta de pijamas en el camarote de Shepard... a Kelly..., a Jack..., a Miranda...

— Pasa de Miranda. No quiero tener que preocuparme de lo que le vaya a contar al Hombre Ilusorio.

— De acuerdo... ¿a Samara? No, no creo que le gusten mucho las fiestas... ¡Ah! ¡Incluiré a la doctora Chackwas!

— Sí, Karin es un buen fichaje. Te apuesto lo que quieras a que nos tumba a todas. Lleva años bebiendo brandy de Serrice.

— Bueno, no sé, yo soy más dura de lo que parezco.

Jade la miró sorprendida. Tali era la mujer más pequeña de la Normandía, y además tenía que vigilar con mucho cuidado lo que ingería para que no le provocara una enfermedad que su maltrecho sistema inmunológico no pudiera soportar.

— ¡Es cierto! Este traje tiene un montón de filtros que procesan el alcohol antes de que llegue a mi boca. Me harán falta dos o tres botellas para emborracharme.

— Pues diles que traigan quince o dieciséis.

 

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